LIBERTAD Y DIGNIDAD EN EL DÍA DEL PROFESOR UNIVERSITARIO

Todos los 5 de diciembre, en Venezuela, celebramos el DÍA DEL PROFESOR UNIVERSITARIO. Esta efeméride fue aprobada en 1991 por acuerdo de FAPUV y el Consejo Nacional de Universidades de la época, para conmemorar la promulgación de la Ley de Universidades en la cual se desarrolla la autonomía académica, electoral, administrativa y normativa de nuestras universidades. El principio de autonomía universitaria se reivindica con en esa Ley luego de una cruenta dictadura militar que allanó y trató de arrodillar a la universidad venezolana.

Hoy, la universidad ha tenido que vérselas con otra dictadura que la ha sometido al asedio presupuestario, la represión, la judicialización de sus luchas y la interrupción de su democracia, y que ha acabado con la calidad de vida de la comunidad universitaria. Sin embargo, seguimos celebrando los 5 de diciembre el DÍA DEL PROFESOR UNIVERSITARIO, en ratificación del principio de autonomía y de nuestro compromiso con la defensa de la universidad venezolana autónoma, democrática, popular y de calidad.

En Venezuela, un profesor de una universidad pública no puede vivir de su trabajo académico, independientemente de su dedicación y de su escalafón, porque no hay salario en las universidades públicas. La remuneración que contemplan las tablas que terminaron de imponerse a partir del paquete y la reconversión de agosto de 2018, y que se siguen ajustando por decreto, oscilan entre los 4 y los 10 dólares AL MES, de tal manera que eso es un fingimiento de salario.

Los profesores universitarios hemos sostenido la educación superior como un voluntariado, en un compromiso loable pero que no es sustentable. Los universitarios debemos sobrevivir con otras fuentes de ingreso que van desde la venta de los bienes personales, al ejercicio libre de la profesión sin seguridad social de ningún tipo, y al apoyo familiar.

Desde el mes de marzo de este año, la realidad del desarrollo de la pandemia por COVID-19 en el país nos ha llevado a evitar, en la medida de lo posible, las acciones que supongan aglomeración y contacto físico en la calle porque debemos detener la propagación de la enfermedad. La única manera de sobrevivir al virus, en un país con su sistema de salud devastado, es cuidarnos y cuidar a los demás del contagio, aplicando las medidas de distanciamiento y bio-protección recomendadas por los expertos en salud.

A nivel nacional, nuestras asociaciones, junto con las organizaciones sindicales del magisterio, han salido a defender, en varias jornadas de calle, el derecho a la educación y el derecho a un salario digno, dado que el Estado venezolano no garantiza la educación en ninguno de los subsistemas. Pero no hemos propuesto un plan que suponga grandes movilizaciones porque, evidentemente, no están dadas las condiciones para hacerlo.

La lucha por salario digno, sin embargo, se sostiene. Hay dos grandes banderas que los universitarios hemos enarbolado en los últimos años de cara al país, que son la lucha por la libertad y la lucha por la dignidad. La lucha por la libertad es la lucha por la democracia para que haya diálogo social, lo que supone la discusión entre las partes de las condiciones de trabajo y remuneración; para que el pueblo venezolano pueda decidir su destino, y para que el país tenga instituciones que respondan a las demandas de la sociedad, ya que las que teníamos han sido totalmente destruidas: en Venezuela, no hay división de poderes; aquí no hay una sola institución que le responda al pueblo venezolano por sus justas demandas.

La lucha por la dignidad es la lucha por el salario digno, por la educación de calidad, por el derecho a la salud, el ambiente sano, la seguridad social y personal, y servicios públicos permanentes. Es decir, es la lucha por garantizar condiciones dignas de existencia para todos los venezolanos. Esa lucha la hemos desarrollado de común acuerdo con otros sectores laborales y con otras organizaciones sociales pues sabemos que aislados no acumulamos la fuerza suficiente para lograr que en este país se entienda que el problema fundamental de la hambruna generalizada es la disminución drástica del ingreso familiar y el abandono total de sus responsabilidades por parte del Estado. El Estado se retiró, se fue, solo existe para reprimir, pero no garantiza ni uno solo de nuestros derechos fundamentales.

En consecuencia, convocamos a la lucha por la recuperación del salario, que en nuestro caso significa la reivindicación del valor real de las tablas del año 2001, porque ese es el salario digno que le corresponde al profesor universitario. Y hacemos un llamado a la lucha por la democracia y la restitución de la soberanía popular, es decir por elecciones generales competitivas y libres.

“ES FAPUV UNA TIERRA DE HORIZONTES ABIERTOS, EN LA CUAL SE SIEMBRAN LUCHAS Y SE COSECHAN DERECHOS”

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Caracas, 05 de diciembre de 2020

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